martes, 21 mayo, 2024

La decisión de Casado

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Verónica Maciá Richarte
Verónica Maciá Richarte
Abogada y periodista

Cuando Cecil B. DeMille dirigió El mayor espectáculo del mundo y Fred Zinnemann Solo ante el peligro, ambas en 1952, ni Charlton Heston ni Gary Cooper pudieron imaginar que sesenta años después sus personajes iban a ser superados en la escena política española. Casado, como Brad Braden, va de problema en problema hasta el desastre final del choque de trenes. Ayuso, cual Will Kane, se ha pasado casi un año esperando al vengativo Frank Miller (García Egea), sin apoyo explícito de su organización y haciendo crecer entre los ciudadanos el mito de heroína que nació con los ataques de Sánchez durante la pandemia.

El Partido Popular enfilaba esta semana de resaca electoral con la tranquilidad de haber superado el examen. Los resultados en Castilla y León no fueron lo esperado pero los populares mantenían el tipo frente a la derrota de los partidos en el Gobierno de la nación (PSOE y UP). Aunque sin quitar la mirada de VOX, que subió espectacularmente, la dirección de Génova se las prometía felices. Unas “vacaciones” merecidas que iban a servir para reorganizar la ofensiva contra el sanchismo.

Casado venía de situaciones duras tras el voto erróneo del diputado Casero en la “reformita” laboral y que permitió la pírrica victoria del Gobierno. Casi de la nada, la noche del miércoles 16 nos sorprendimos con titulares de la prensa online insinuando que en la Comunidad de Madrid se había cerrado un contrato de mascarillas del que el hermano de la señora Ayuso habría podido cobrar una comisión. Por otra parte, también se afirmaba que el PP desde el Ayuntamiento madrileño, habría recurrido a un detective para investigar el entorno familiar de la presidenta. Lo mas sorprendente es que se trataba de “fuego amigo”, aquél que hacía exclamar al ministro Pío Cabanillas: ¡Al suelo, que vienen los nuestros!

Hay que reconocer que Casado no lo ha tenido fácil. Asumió la presidencia de un Partido Popular en shock tras la moción de censura que desbancó de Moncloa a Mariano Rajoy. Desde entonces se ha presentado a dos elecciones generales, 21 autonómicas, unas locales y unas europeas. Toda una maratón desde aquel 21 de julio del 18 en que, inesperadamente, se hacía con el poder en las primeras primarias de los populares.

Parecía que el joven dirigente iba a poder con todo hasta que se cruzaron en su camino las sombras sobre la corrupción de su mayor activo, la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ayuso es la figura que volvió a ilusionar a una derecha que no conseguía remontar a pesar del desastre que supuso el Gobierno de Sánchez en la gestión de la pandemia y que se enfrentó a él en el manejo de la crisis del Covid, aplicando el modelo de vivir “a la madrileña”. A pesar del éxito en Madrid, Casado no quiso o no supo aprovechar el tirón de Isabel, y las tensiones entre Sol y Génova eran más que evidentes desde el verano del 2021.

Tras la tregua de las elecciones en Castilla y León, volvió la guerra con una virulencia inesperada. Las filtraciones a los medios ya no se podían frenar y la presidenta jugó bien sus cartas saliendo a la palestra a dar explicaciones del asunto de su hermano y dejando en evidencia a un partido que, supuestamente, había sido capaz de espiar a toda su familia. El botón rojo se acababa de apretar y Génova no estuvo a la altura. Un airado secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, intentó empañar la gestión de la madrileña y la entrevista que Casado concedió a Carlos Herrera en la mañana del viernes, dejará para la historia una frase demoledora “la cuestión es si es entendible que el 1 de abril, cuando en España morían 700 personas, se puede contratar con tu hermana y recibir 300.000 euros de beneficio por vender mascarillas”.

Toca tomar decisiones duras. Isabel Diaz Ayuso goza de un gran apoyo popular y las redes se han llenado con el hashtag #YoConAyuso. En el fondo la batalla se dirime entre su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez, y Teodoro García Egea, mano derecha de Casado. Esta crisis, jamás vista en la política española, ha dividido a los populares e incluso está movilizando a los barones ante la debacle que ha supuesto. El PP se ha desplomado en intención de voto, aupando a VOX a conseguir el sorpasso en unas hipotéticas elecciones generales. Las guerras son así: hay vencedores, vencidos y daños colaterales. El perdedor claro no es Casado, sino el PP; la ganadora es Isabel Diaz Ayuso y el daño colateral es el aumento del descrédito político y la desconfianza ciudadana en sus representantes público.

Ahora es el momento en que Ayuso, cual Salomé bailando ante Herodes-Casado, solicite en bandeja de plata la cabeza de Juan Bautista, encarnado en García Egea. Si a principios de la crisis parecía que se seguía el guion de Los Inmortales con su “solo puede quedar uno”, tal vez sea hora de que Casado actúe de una vez e intente salvar su presidencia sacrificando para ello a su mano derecha y volviendo a construir puentes con la presidenta madrileña. Es posible que sea tarde, pero el desastre que supondría convocar ahora un congreso extraordinario debería intentar trocarlo en un sacrificio que hace ya tiempo que se pedía desde sus bases y votantes. Recuperar el PP es recuperar activos que han quedado aparcados como Cayetana Álvarez de Toledo y que representan todo aquello que Casado resumió magníficamente en su discurso de toma de posesión aquel ya lejano 21 de julio de 2018. Se ha hecho mucho daño con esta crisis. Es el momento de la gestión. Darle la vuelta al calcetín e iniciar una campaña de comunicación agresiva pero que no sea vacía: el PP debe volver a ser una opción de gobierno y lo tiene muy difícil, pero los ciudadanos que han quedado huérfanos de golpe merecen el intento.

A Pablo no le queda tiempo. Cada minuto que pasa el PP se desangra por sus costuras y, como Meryl Streep en La decisión de Sophie, Casado tiene que elegir a cuál de sus hijos salva. Las bases claman por Ayuso y los barones necesitan una solución inmediata. Apuesto por el sacrificio de García Egea pero no descarto que la implosión popular arrastre al presidente abocando al partido a centrarse en un congreso y no a combatir el sanchismo. Toca liderar con mano firme. Toca, Pablo, ser el presidente que esbozaste en 2018.

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