sábado, 18 mayo, 2024

Energía Nuclear: ser o no ser.

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José Luis Bernal
José Luis Bernal
DIRECTOR GENERAL INSTITUTO TECNOLÓGICO DE LA ENERGÍA Y RECURSOS HÍDRICOS

Parafraseando a “William Shakespeare” y llevándolo a un debate energético europeo, en muchas ocasiones nos referimos a la energía renovable, como “energía verde”, “energía alternativa”, “energía sustitutiva”, “energía limpia” y un sinfín de términos más para hacerla cuanto menos singular, viniéndonos a la mente directamente, con estos términos, tejados de viviendas con paneles solares o aerogeneradores eólicos cubriendo nuestra vista en viajes en carretera. ¿Se debería considerar la energía nuclear como una energía verde?

Recientemente, la Comisión Europea reconocía la energía nuclear como energía verde, al menos, hasta 2045. Una polémica servida por Bruselas al clasificar esta energía necesaria para la transición hacia una generación sin emisiones de CO₂. Puede parecer raro pero tiene su explicación. La energías renovables están todavía muy lejos de ser “esa fuente inagotable de energía” que son en teoría, pero no en la práctica.

La energía nuclear siempre se queda fuera cuando pensamos en los términos anteriores de energía (verde, renovable, limpia…) a pesar de ser la segunda fuente más grande de electricidad baja en carbono en el mundo, tan solo detrás de la energía hidroeléctrica. Algunos expertos opinan que la energía nuclear es más que necesaria para ayudar a los países a alcanzar objetivos de producir toda su energía sin liberar gases de efecto invernadero, teniendo en cuenta que todavía no hay suficiente capacidad de producir energía renovable para satisfacer todas nuestras necesidades de electricidad.

A esto se le suma que la energía renovable también es ingestionable a fecha de hoy; por ejemplo, los aerogeneradores eólicos no producen energía cuando el viento no sopla o por el contrario, si hay un viento en exceso agresivo los parques eólicos también paran por seguridad.

Entonces, ¿Qué tan verde y sostenible es la energía nuclear?

Pongamos datos como antecedentes.

La energía ‘renovable’ se refiere a la energía de fuentes que se reponen constantemente, por nombrar algunas, el agua de las presas hidroeléctricas que se llena con la lluvia o la radiación solar que aparece todos los días para los paneles solares. Debido a que la energía nuclear consume combustible radiactivo, no es renovable de la misma manera.

Según la definición anterior, la energía nuclear no se podría considerar como una energía renovable. Pero en términos de cambio climático, la producción de energía nuclear no libera gases de efecto invernadero, por lo que es un combustible bajo en carbono, mantiene el aire limpio al eliminar miles de toneladas de contaminantes atmosféricos nocivos cada año que contribuyen a la lluvia ácida, el smog fotoquímico, el cáncer de pulmón y las enfermedades cardiovasculares. Ahí es nada.

A pesar de producir cantidades masivas de energía libre de carbono, la energía nuclear produce más electricidad en menos espacio que cualquier otra fuente renovable. “Consume muy poco territorio”. Por ejemplo: una instalación nuclear típica de unos 1000 megavatios, véase la “Central nuclear de Cofrentes” necesita una superficie total de 300 hectáneas para funcionar. Las plantas fotovoltaicas por el contrario requieren 75 veces más de espacio para producir la misma cantidad de electricidad y de los parques eólicos ya ni hablamos ya que se necesitan 360 veces más de superficie de terreno para producir la misma cantidad de energía que una central nuclear.

Se necesitaría más de 3 millones de paneles solares para producir la misma cantidad de energía que un reactor nuclear típico o más de 430 turbinas eólicas. Las comparaciones en este punto son odiosas, muy odiosas.

Debemos recordar también, que la energía nuclear no está exenta de problemas. En particular, produce desechos radiactivos que deben transportarse de manera segura al almacenamiento a largo plazo, donde no se alterarán durante decenas de miles de años hasta que el material ya no sea un peligro para la salud humana o el medio ambiente. Genera residuos controlados, eso sí, siempre y cuando no se nos vayan de las manos. Estos desafíos son los que nos encontramos actualmente. Retos inmensos.

Por tanto, realmente se ha creado una controversia con la nueva catalogación de la Unión Europa de que la energía nuclear se considere verde casi ficticia. La visión y planteamiento que mueve a la Unión Europea en este cambio de catalogación tan “raro” son en lo que a inversiones se refiere, más que el fondo propio del concepto de energía verde. Dinero, dinero y dinero. Siempre es el dinero.

Retos inmensos y dinero. Investigación y desarrollo… y dinero. Tenemos muchos retos tecnológicos por delante: el almacenamiento de energía de procedencia renovable es uno de los más importantes, hoy por hoy no tenemos capacidad de almacenar grandes cantidades de energía con baterías y esto lastra la competitividad de la energía renovable y lo malo es que aún no sabemos cuándo la tendremos. Una apuesta 100% renovable sin tener una solución tecnológica de este calibre es una temeridad y además es casi inviable económicamente hablando. Si a esto se le suma que necesitas una solución de respaldo cuando no tienes viento ni sol, hoy solo hay dos opciones: gas y nuclear. El debate quizá está mal planteado, hoy no se trata de quitar una para poner la otra que es lo que hemos intentado, se trata de cómo gestionar todas para que nos den el mejor rendimiento posible, respetando al máximo el medio ambiente pero con análisis serios y rigurosos. Sin ideología, con ciencia, con conciencia.

Los próximos dos o tres años serán de grandes cambios en muchos sentidos y la energía no será una excepción. Esperemos que el grado de maduración de las tecnologías de almacenamiento nos permita crear un nuevo paradigma basado en las tecnologías que conocemos actualmente y bien llamadas renovables y otras nuevas, en las que no me cabe la menor duda aparecerán sobre el tablero energético. Sólo si logramos hacer competitiva la energía renovable conseguiremos precios razonables y podremos empezar a dibujar un nuevo escenario energético, mientras tanto, gestionemos con cabeza y no nos olvidemos de invertir. Investigación y desarrollo esa es la clave, esa siempre es la clave, la verdadera clave.

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